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En este artículo, el Sr. Biosca se pregunta si realmente en España estamos atentos para tratar de la mejor forma posible al turista - cliente.

Este verano he aceptado impartir tres conferencias en SENDAS Universidades de Verano por lo que he tenido la suerte de VIVIR “LAS SIETE PLAGAS DEL TURISMO” con las cansinas y desesperantes llamadas telefónicas para intentar reservar billetes o en las lentas, si funcionan, webs de reservas, y en las largas colas delante de los mostradores para retirar la tarjeta de embarque atendidos por sufridos empleados en muchos casos con contratos temporales o en las frustradas expectativas con los cajeros automáticos también para la obtención de la deseada tarjeta de embarque, que suponiendo que funcionen los escasos cajeros, debes volver a hacer cola en otro mostrador para, en este caso, embarcar la maleta.

Se me olvidaba los cambios de mostrador después de una hora de cola, con una megafonía deficiente e insuficiente sin aviso previo y, como no, la dificultad de transitar con la maleta en los pasillos repletos de pacientes sufridores de estas plagas.

Una vez descubierta la puerta, si la divina fortuna nos ha evitado un overbooking, de embarque puede ocurrir además que la puntualidad comprometida por, habitualmente, causas técnicas o por retrasos del avión brille por su ausencia invitándonos a practicar la bendita virtud de la paciencia rodeada de escasa información y nulas explicaciones y obviamente ninguna atención personalizada.

Por fin, sentados en el avión, tan inocentes creemos que empezaremos a volar ¡ je, je ¡

Más esperas en muchos casos con un calor sofocante por falta de aire acondicionado y como siempre con nulas o escasas explicaciones. Otra vez la santa inocencia queda sorprendida al creerse que en la cinta encontrará a su llegada la maleta, la realidad castiga la inocencia con largas esperas y en algún caso, demasiados, con pérdidas.

Por si algún lector cree que estoy exagerando le puedo dar datos concretos de mi periplo veraniego, pero como el mío a buen seguro el de usted. También quiero reconocer que este panorama veraniego con millones de turistas como clientes motor del negocio de la felicidad, no me lo encuentro por suerte en el resto de meses del año, en los que tomo ciento ochenta aviones, durmiendo en cinto cincuenta hoteles distintos.

La gran pregunta es ¿DE QUIÉN ES LA RESPONSABILIDAD DE NO PREVER Y ADECUAR LAS INFRAESTRUCTURAS Y SERVICIOS A LA DIMENSIÓN ÓPTIMA PARA PODER OFRECER LA EXCELENCIA A LOS DESEADOS TURISTAS-CLIENTES?

En la otra cara de la moneda están los hoteleros, invirtiendo para mejorar sus instalaciones, gastando en campañas publicitarias, arriesgando con los costes laborales y compitiendo con mercados off-euro con precios de subasta. Junto con los turistas-clientes los grandes perjudicados.

Descubramos a los incompetentes responsables, saquémoslos de inmediato de sus puestos de responsabilidad en estos casos irresponsabilidad porque nos va LA EXISTENCIA DEL ÉXITO TURISTICO y como el mercado es justiciero, galopante, supercompetitivo, mediático y global, “TARDE SIEMPRE ES TARDE”.

Una vez más, el papel de las asociaciones empresariales es clave ¡ACTÚEN POR FAVOR! Porque nos va “NUESTRO PAN DE CADA DÍA”.

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