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El debate empresarial y social sobre el sistema de “todo incluido” en hoteles y alojamientos turísticos no es un debate nuevo y su aparición en los medios es recurrente, no sólo en Benidorm o en la Costa Blanca, sino en los principales destinos turísticos españoles incluso internacionales
Nosotros no hemos sido los que hemos inventado el sistema, de hecho hemos expresado una importante resistencia durante mucho tiempo frente a las importantísimas presiones de turoperadores y de destinos competidores como Turquía y Egipto. Además en esta resistencia hemos salido victoriosos durante muchos años.
 
Sin embargo, esta crisis que se agudiza y dura más de lo previsto, las dificultades financieras de las empresas, las batallas internacionales por captar clientes, … es un escenario que hace que hagamos cosas que realmente no nos gusta hacer. Obviamente el modelo de todo incluido no es un modelo perfecto, no es un modelo ni siquiera deseado por muchos de nosotros, pero en estos momentos es un mal menor necesario para mantener una cuota en este mundo turístico cada vez más competitivo.

No debemos perder de vista el Benidorm que queremos y el futuro por el que trabajamos. Si mejoramos la escena urbana, si se invierte lo necesario en la configuración y diversidad de su espacio urbano, el modelo de explotación tradicional volverá crecer en el momento en que la demanda turística se fortalezca.
Pero no podemos negar ni evitar la moda y las tendencias de los mercados. Los mercados son los que mandan. Ignorar este principio económico supondría un grave error de gestión empresarial. Y por supuesto tampoco podemos limitar ni coartar la libertad de empresa. Sería un suicidio empresarial remar contra las corrientes de millones de clientes que demandan este producto y que sólo viajará allí donde lo consigan. Tan sólo un botón de muestra: si hay un modelo de negocio en el que el cliente es “esclavo” es el de cruceros, en el que o consumes dentro del barco o bebes agua del mar. Nadie podría imaginar hace quince años que las compañías navieras vendieran cruceros en todo incluido, y hoy en día es un producto consolidado, con importantes crecimientos anuales y con navieras volcadas en una especialización exclusiva y una inversión millonaria.

No obstante, achacar todos los males de la ciudad a los hoteles que trabajan en el sistema de “all inclusive” es cuánto menos injusto. Hay que hacer bien los números. En Benidorm existen aproximadamente unas 70.000 plazas de alojamiento reguladas (40.000 plazas hoteleras, 10.000 en Campings y 20.000 en apartamentos turísticos). De ellas, pueden comercializarse en sistema de todo incluido unas 10.000 plazas, lo que supone un 14% del total. Pero es que a esta capacidad hay que sumar un número estadístico de plazas de turismo residencial, que podemos cifrar en 150.000 turistas que se alojan en segundas residencias o en alquileres temporales de viviendas. Ahí, es cuando el efecto del todo incluido se diluye: tan sólo el 5% de los turistas que visitan la ciudad, lo hacen en un sistema de todo incluido, el 95% restante son los que dotan de vida la ciudad, los comercios, el resto de oferta hostelera. Con estas cifras y este análisis de datos, se hace necesaria una seria reflexión para todo el entramado empresarial de Benidorm y para toda la iniciativa pública. Posiblemente sea el momento de que cada uno de nosotros busque la viga en el ojo propio. 
Antonio Mayor
Antonio Mayor
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