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Desde hace varios años venimos observando que existe una gran influencia en el mundo económico que proviene de la mano de las instituciones financieras y de las empresas exportadoras. Se admite, sin la suficiente reflexión en mi opinión, que hay que diversificar mercados y buscar nuevos clientes en lo que se ha denominado “países emergentes”. De ahí que, cuando se definieron los países emergentes, por indudable influencia del sector político-financiero, apareció el manido acrónimo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) del que cualquier sector que se precie ha de intentar conseguir nuevos clientes en las economías que van a liderar el mundo en pocos años y con un mayor potencial de crecimiento.

Sin embargo llevo años pensando que el sector turístico español no debe seguir esta corriente, ya que España debe buscar nuevos clientes no solo en países emergentes sino también en los países más consolidados. Empezando por los países del área Euro ¿creemos que no podemos ganar cuota con segmentos de población que nunca han venido a España y no hemos sido capaces de atraerlos? ¿Creemos que hemos de estar satisfechos con los propios viajes de los españoles a los que no hemos sido todavía capaces de ofertar experiencias paquetizadas que hagan incrementar sus intereses y faciliten la compra de destinos que aún no están en la primera división del mercado turístico?

Sin embargo este artículo pretende hacernos reflexionar sobre la potencialidad del mercado Iberoamericano, donde España cuenta con indudable ventaja frente al resto de nuestros competidores. Los turistas de larga distancia, para viajar necesitan buena conectividad aérea punto a punto, un destino atrayente al que le unan lazos de afecto o curiosidad innegable y por último sentirse “como en casa” excepto cuando lo que se vaya a buscar son experiencias exóticas. Los países americanos de habla hispana, desde Méjico a Argentina mantienen unos lazos históricos idiomáticos y familiares que no los tienen con ningún país del mundo excepto Brasil con Portugal y una parte de Argentina con Italia.

Siempre que he viajado a centro y Sudamérica he visto que España estaba en la mente de todas las personas con las que me relacionaba ya que me sacaban algún familiar con el que mantenían relación o me decían que su apellido venia de un pueblo Asturiano o Canario.

En la mayoría de los periódicos de estos países, se reflejan las noticias de España con gran amplitud, desde la política hasta el futbol, desde los ecos sociales hasta las crónicas taurinas. No puede ser baladí el hecho de que los españoles tengamos frecuentes noticias de lo que ocurre con nuestros países hermanos, ni los esfuerzos de nuestros gobernantes, del partido que sea, por fortalecer la comunidad latinoamericana a la que nos unen tantos lazos que no pueden ser obviados.

Todos estos componentes generan un atractivo de viaje ya bien sea por conocer personalmente el país del que tanto han oído hablar, como por visitar a alguno de los seis millones de Iberoamericanos que viven en España. Mantenemos asimismo unas excelentes rutas aéreas que permiten viajar con un coste razonable desde cualquier lugar del otro lado del charco. Y conociendo todas estas circunstancias ¿por qué los españoles no nos volcamos en la promoción turística de España en América? ¿No nos damos cuenta que el crecimiento de la clase media abre un enorme potencial de llegada de personas que cuando pisen nuestro país no se consideran extranjeras? ¿No sería necesario potenciar desde el  Estado Central y las Comunidades Autónomas unos programas especiales donde hagamos hincapié en que han de conocer sus raíces o que somos la puerta de la clásica Europa?

El anterior razonamiento choca frontalmente con las circunstancias de los ciudadanos y potenciales turistas de China e India. Los Hindúes y  Pakistaníes tienen enormes trabas burocráticas para entrar en Europa y, si piensan en ella, siempre tienen al Reino Unido determinada como su metrópoli, muchos no sabrían ubicar España en un mapa mudo y si hiciéramos una encuesta nos daríamos cuenta que España está muy lejos del top-ten de destinos con atractivo para su población.

Un caso más acentuado es lo que sucede con China, ya que todos los estudios demuestran que el primer lugar que quieren conocer los chinos, es la propia China, un país cinco veces más grande que nuestro continente. Un porcentaje pequeño de los chinos que quiere conocer otros países se decanta mayoritariamente por visitar otros países asiáticos y, si no, los Estados Unidos de Norteamérica. El pequeño porcentaje que marca entre sus preferencia el destino Europa, siempre piensa en Londres, París y Roma antes que destinos españoles. Es necesario reconocer que hay muchos chinos y que su renta está creciendo pero, ¿compensan los esfuerzos que hay que hacer en materia de conectividad aérea, visados y promoción turística para atraer a unas decenas de miles de turistas chinos o con una mucho menor inversión podríamos conseguir un crecimiento exponencial entre turistas de habla hispana?.

Entendemos que el Marketing ha de procurar el mayor retorno con la menor inversión y veamos el Océano Atlántico como una masa de agua que nos une y no nos separa de nuestros hermanos que viven a la otra orilla.

Ramón Estalella, Secretario General CEHAT
Ramón Estalella, Secretario General CEHAT
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