Vivimos momentos complicados en los que la supervivencia, poder llegar a mañana, se ha convertido en la principal preocupación. Muchas de las decisiones que se toman, tanto en la política y las empresas como en las propias familias, vienen marcadas por la obsesión del corto plazo. La crisis y el desconcierto en el que nos movemos hace que esos comportamientos sean perfectamente comprensibles, pero creo que todos debemos hacernos una pregunta: ¿y si sobrevivimos...? Con demasiada frecuencia, esta obsesión por tirar adelante hace que nos olvidemos de algo fundamental: qué queremos ser. Porque depende de cuál sea la respuesta, nuestras decisiones en estos momentos tan complejos deben ser unas u otras. Corremos el riesgo de “salvar el año” a costa de “condenar el futuro”. Nadie niega que haya que reducir costes, reorientar actividades, reestructurar organizaciones, pero siempre debemos tener como guía lo que queremos ser ahora y en el futuro. Esa debe ser la orientación principal para nuestras decisiones. El turismo no es una excepción. Depende de qué tipo de opciones escojamos para superar la crisis, estaremos abonando un futuro mejor para cuando el temporal escampe o nos tocará reinventarnos desde cero. Siempre es posible que nos toque hacerlo, pero por lo menos que no sea por nuestra culpa. 
Javier Capitán
Periodista y Economista
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