El Congreso de Empresario Hoteleros Españoles debe ser un reto y ese es el de nuestra renovación y nuestra propuesta como parte sustancial de la sociedad civil. Hay que recuperar el papel de la empresa en nuestra sociedad, la política lo ha contaminado todo, y hay un espacio que honradamente creo que es nuestro y debemos reivindicarlo. Este artículo pretende ser un punto de partida para la reflexión, no trata de ser dogmático, pero si trata de provocar movimiento.
Hace unos meses cayó en mis manos un estudio sobre la Sociedad Civil Global (Proyecto de estudio comparativo del sector no lucrativo de la Universidad Johns Hopkins), que me resultó muy interesante y un buen punto de partida para una necesaria reflexión sobre el Asociacionismo empresarial.
 
La crisis económica está poniendo en cuestión las estructuras organizativas de nuestra cultura occidental, tanto en el sector público como en el privado. No voy a hablar en este artículo del sector público, sino del sector privado. La razón es que, desde las organizaciones empresariales, hemos de hacer autocrítica y analizar nuestro pasado, presente y futuro. Siempre he considerado como simplista la actitud de criticar al vecino (sector público) sin analizar nuestros problemas. No todos nuestros males vienen de lo público (sobre todo, porqué en estos años la frontera entre lo público y lo privado se ha desdibujado de forma alarmante), también nuestros comportamientos han influido, aunque sea por omisión o pasividad, a llegar al punto en el que nos encontramos.
 
El concepto tradicional de Sociedad Civil parte de la doctrina de Alexis de Tocqueville, que identifica ésta como un conjunto de organizaciones e instituciones cívicas voluntarias y sociales que sirven como mediadores entre los individuos y el Estado (incluye el concepto a asociaciones, colegios profesionales, universidades e incluso comunidades religiosas). Partiendo de este concepto tradicional, las asociaciones constituyen una organización privada basada en acuerdos entre empresas unidas formal y públicamente para promover el logro de unas condiciones favorables de competitividad, apoyándose recíprocamente y defendiendo intereses comunes.
 
En la actualidad se percibe en la sociedad un descrédito preocupante hacia todo lo colectivo; y ahí engloban Estado, Organizaciones Empresariales y Sindicales, etc…En un primer y apresurado análisis concluiríamos que la crisis económica es la responsable de dicha situación y que cuando acabe la misma habrá pasado dicha circunstancia y se recuperará el crédito social perdido. Sinceramente, creo que este análisis no es correcto, porqué considero que la crisis ya ha acabado y lo que hay hoy es una nueva realidad económica y social. Nuestras organizaciones empresariales, como parte sustancial de la sociedad civil, se han de enfrentar al reto de la renovación.
 
La necesidad de una nueva cultura cívica, que la propia globalización requiere, va a exigir el concierto y el compromiso conjunto de una sociedad civil activa, creativa y orientada hacia nuevos horizontes de convivencia, capaz de posibilitar la creación de verdaderas oportunidades y de nuevas opciones para todos. Crece, en este sentido, el convencimiento de que la solución a los nuevos problemas difícilmente podrá venir sólo de la mano de los Estados. Los cambios han puesto en tela de juicio la división de las responsabilidades entre el sector público y privado, e incluso entre lo individual y lo colectivo.
 
Los problemas a los que se enfrenta hoy el asociacionismo empresarial son fundamentalmente: la burocratización, la incorrecta financiación basada en un excesivo componente público, el alejamiento de las bases, la fata de cohesión interna y la falta de liderazgos integradores. La burocratización provoca dependencia de la financiación pública, al ser necesaria su existencia para poder retroalimentar a la estructura. Este tipo de financiación resta independencia. La burocratización provoca el claro alejamiento de las bases, ya que la estructura está más preocupada de atender a su verdadero financiador. En este contexto, la cohesión interna se resquebraja, y crece la tentación de que cada uno de sus miembros exija disfrutar de una parte de los frutos conseguidos. (Al hilo de esta circunstancia, cabe la siguiente cita: “La civilización no dura porque a los hombres solo les interesa los resultados de la misma. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol. Todo es resultado de un esfuerzo. Solo se aguanta una civilización cuando muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde” José Ortega y Gasset). Por último, faltan liderazgos integradores, que entiendan que primero hay que tallar el liderazgo individual par lograr el liderazgo colectivo.
 
La estrategia de renovación necesaria debe partir por una constante vigorización de sus propuestas de valor, se ha de demostrar la valía de su existencia y se ha de actuar de forma eficaz, y de manera clara dirigirse a la consecución de objetivos colectivos. Hay que hacer ver y demostrar que una Asociación empresarial no es un lujo es una necesidad. Se ha de actuar con responsabilidad y eficacia para la consecución del bien común.
 
Una asociación no es una empresa, ni una administración, ni un think thank; aunque debe importar lo que tengan de positivo cualquiera de ellos, en aras a mejorar su eficacia.
 
De la administración conviene importar criterios de neutralidad en la actuación, criterios de acceso a los puestos basados en los principio de mérito y capacidad. Cabe huir de la excesiva regulación y de su inmensa estructura, que la convierte en poco ágil y eficaz.
De la empresa cabe importar criterios de eficacia, agilidad, comerciales y financieros. En cambio hay que huir de trasladar los criterios puramente económicos a la hora de la toma de decisiones. En una asociación se ha de ser generoso con las minorías, si queremos que de la misma se sientan todos partícipes. (“El liberalismo es la suprema generosidad; es el derecho que la mayoría otorga a la minoría aunque el enemigo sea débil”). De un think thank, hay que importar su agilidad y eficacia en la consecución de objetivos, disponiendo de muy poca estructura. Por supuesto, hay que importar su forma de financiación. En cambio, hay que superarlos en la medida en que sus objetivos son excesivamente individuales, y muchas veces difícilmente compatibles con el bien común.
 
Nuestro próximo congreso en Valencia, se ha de convertir en una auténtica reunión de personas que tengan por objetivo deliberar y tratar sobre éste y otros asuntos. Los congresos tendrían que tener objetivos claros; y yo propongo que uno de nuestros objetivos debería ser el iniciar de manera serena y profunda una revisión de nuestro papel en la sociedad civil y nuestro encaje futuro en ella. Un congreso únicamente convertido en un punto de encuentro entre amigos, hoy, no es suficiente, y además su coste no estaría del todo justificado. Propongo debatir, poner en común, y activar foros de debate que deriven en propuestas de futuro.
 
Sin entrar en política, creo que una organización empresarial, aunque sea sectorial, debe ser capaz de generar ideas y propuestas de valor para la mejora general de nuestra sociedad. Cuando interviene en el debate público debe ser capaz de explicar porqué sus propuestas son válidas para cubrir sus intereses y al mismo tiempo son compatibles con el interés general. En el momento en que los intereses sectoriales no se pueden defender públicamente, empiezan a perder legitimidad.
 
El Congreso de Empresario Hoteleros Españoles debe ser un reto y ese es el de nuestra renovación y nuestra propuesta como parte sustancial de la sociedad civil. Hay que recuperar el papel de la empresa en nuestra sociedad, la política lo ha contaminado todo, y hay un espacio que honradamente creo que es nuestro y debemos reivindicarlo. Este artículo pretende ser un punto de partida para la reflexión, no trata de ser dogmático, pero si trata de provocar movimiento. (“Un barco se encuentra seguro en su amarra del puerto, pero no ha sido construido para eso, sino para hacerse a la mar”)
 
Luis M. Martí Bordera
Presidente de la Unión Hotelera de Valencia
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