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Llevo más de una década analizando las distintas problemáticas que afectan a la hostelería y, sin lugar a dudas, el alojamiento ilegal disfrazado de falsa economía colaborativa es el que peor solución tiene y el que traerá peores consecuencias a los hoteleros de aquellos destinos turísticos que no lleguen a tiempo de regular el fenómeno. Son varios los motivos que no invitan al optimismo. En primer lugar, hablemos claro, no hay voluntad política para acabar con este tipo de alojamiento claramente ilegal que no paga ni tasas municipales ni impuestos estatales y que al no estar sujeto a ningún tipo de regulación que procure por la seguridad de sus clientes o la calidad del servicio supone una clara competencia ilegal para el alojamiento reglado. Y que nadie piense mal de su alcalde o presidente de Comunidad Autónoma, tampoco el Estado o la Unión Europea han adoptado ninguna medida contundente para combatir este negocio ilegal en aquellas áreas donde tienen competencia para hacerlo. Y ¿cómo puede ser que las administraciones públicas europeas, estatales, autonómicas o locales, salvo honrosas excepciones, hayan abordado el fenómeno? La respuesta no por dolorosa debe dejar de darse. A día de hoy, tenemos pérdida la batalla de la opinión pública y los políticos lo que quieren son votos. Las plataformas que publicitan los pisos privados para uso turístico han sabido posicionarse como más que simples portales de internet. Es importantísimo que entendamos bien lo que pretenden ser. Además de negocios millonarios que sacan provecho del vacío legal provocado por la inacción de políticos con menos visión de futuro que respeto a la legalidad, estas plataformas se esfuerzan para representar a las comunidades de turistas que buscan un nuevo tipo de alojamiento, más barato y más auténtico que los hoteles. Todo ello bajo una aureola de Robin Hoood y con la falsa etiqueta de la economía colaborativa. No sólo prometen conectar al viajero con un autentico hogar que le permitirá vivir de forma más autentica el destino sino que el dinero que éste se ahorrará no yendo a un hotel (malo, rico y poderoso) servirá para ayudar a la economía doméstica de una familia local. Que nadie se lleve a engaño. Sólo podremos revertir el fenómeno si somos capaces de desenmascararlos y ponemos de relieve los valores y puestos de trabajo que nuestras empresas defienden. Primera falsedad, de Robin Hood sólo tienen lo de ladrones, por lo que dejan de contribuir a las arcas públicas. La mayoría de pisos ilegales están controlados por pocas empresas. Evidentemente que existirá el caso de que este ingreso adicional de dinero ayudará a una pobre viuda a llegar a fin de mes, pero este caso es la excepción y no la regla. Asimismo, esta misma excepción no debería de ser ni mejor ni peor considerada por la opinión pública como si la citada viuda obtuviera ese dinero adicional con otra actividad ilegal como podría ser el cultivo y venta de marihuana. Segunda falsedad, no son ninguna comunidad que favorece la economía colaborativa. Quitémosles el disfraz. Son negocios millonarios que ejercen de autenticas agencias de viajes online pero sin estar sujetas a las leyes que regulan la actividad de las agencias de viaje en internet. Entrar a analizar cómo es posible que las agencias de viaje no hayan reaccionado ante esta injerencia y se mantengan en un segundo plano como si esta historia no fuera con ellos sería material para un articulo aparte. Tercera falsedad, la pretendida autenticidad. No ofrecen nada que los hoteles no pueden proveer a sus clientes. ¿Qué hay más local que un establecimiento hotelero y la gente que trabaja en él? Muchos de los pisos que ilegalmente operan como hoteles son propiedad de extranjeros en los que la autenticidad y el dinero por el alojamiento no huele ni los Pirineos. Más aun, también son muchas veces un fraude aquellos pisos cuyo alojamiento se ofrece en la pretendida casa donde viven gente del lugar que se visita, siempre y cuando no se considere como típicamente canario a surfistas alemanes por poner un ejemplo.

Así pues, tenemos no sólo la posibilidad sino la obligación de revertir el actual posicionamiento favorable de la opinión pública hacia el alojamiento ilegal promovido por estas plataformas. Para ello, no sólo es necesario que se manifiesten los vecinos cabreados de las ciudades o barrios más turísticos por las inconveniencias que estos inquilinos les ocasionan, es imprescindible que los hoteleros entiendan la magnitud del problema y actúen en consecuencia. No es de recibo que el mes de Julio de este año con la cifra record de más de 8,3 millones de visitantes internacionales la ocupación hotelera bajara un 1,8% o que con lo que llevemos de año más de 10 millones de turistas internacionales hayan dormido en casas de amigos en España. Es cierto que en lo que llevamos de año la ocupación hotelera está creciendo por encima del 5% pero que nadie se lleve a engaño, no lo está haciendo al mismo ritmo que crece el número de turistas internacionales 7,5%.

Una vez ganada la batalla de la opinión pública, será necesario explicar a los legisladores de las distintas administraciones públicas la necesidad de legislar el fenómeno de forma ordenada y coherente. Vaya, que el remedio no sea peor que la enfermedad. Por ejemplo, nuestros colegas franceses están que se tiran de los pelos porque temen que por el simple hecho que este tipo de alojamiento ilegal se avenga a pagar el IVA y las tasas turísticas se legalicen de forma automática. Evidentemente, para legalizar la citada oferta se deben exigir los mismos requisitos y obligaciones legales que se exigen a los alojamientos reglados porque si no fuera así, ¿quien va a querer invertir en un negocio que partirá siempre en desventaja? Por último, la futura legislación debe contemplar multas millonarias que sirvan para financiar el número de controladores que se necesite en cada administración para controlar la aplicación real de la ley. Estas multas millonarias disuasorias no sólo deben ir dirigidas al propietario sino a la plataforma que publicita la oferta ilegal. Ya ven, es muy complicado pero a la vez muy sencillo. Sólo hace falta voluntad política previa opinión pública favorable y que esto llegue a tiempo… O piensan Ustedes que cada día que pasa no va a ser mas difícil recuperar la calidad de los destinos turísticos que estamos perdiendo.

Por Didac García Carreté, Director para CEHAT de Asuntos Europeos

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