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Airbnb está llamada a ser una de las startups más valiosas del mundo. La compañía se encuentra en avanzadas negociaciones con fondos de capital riesgo para elevar su capital, que podría alcanzar así un valor de mercado de 10.000 millones de dólares (7.267 millones de euros), superior al de las principales marcas hoteleras como Wyndham Worldwide (9.400 millones de dólares, 6.831 millones de euros) o Hyatt Hotels (8.400 millones, 6.104 millones de euros).

Para el profesor de la Escuela Superior de Ciencias Económicas y Comerciales ESSEC de París, Peter O’Connor, la respuesta es claramente negativa. He aquí por qué:

Un hotelero amateur es simplemente… un amateur

La compañía está haciendo mucho ruido por sus bajos costes, no dispone de bienes raíces ni botones contratados ni órdenes de servicio de habitaciones que rellenar. Pero precisamente ahí reside el problema. A pesar de que Chip Conley, el responsable de Airbnb Global Hospitality, habla de asegurar “estándares similares de producto dentro de su comunidad de propietarios de viviendas” ofreciéndoles programas de formación, es imposible que Airbnb pueda ofrecer de manera consistente el tipo de servicio al que están acostumbrados los clientes de hotel.

La victoria legal de Airbnb del pasado año en Francia pone de relieve lo siguiente: los propietarios que de manera ocasional ofrecen una habitación o su propia vivienda en Airbnb puedan actuar con libertad, mientras que los profesionales que compran propiedades específicamente para alquilarlas con este sistema están sujetos a requisitos más estrictos. En Francia, y en muchos otros países, al menos, la economía colaborativa parece que va a permanecer firmemente como un juego de aficionados.

Airbnb no puede garantizar sus “productos”

Este status amateur se refleja en la distribución del producto. Airbnb no tiene ningún control real sobre las propiedades que se alquilan a través de su servicio. Por ello no puede dar garantías importantes, tanto en términos de seguridad  y limpieza, ni tan siquiera si el producto responde realmente a su descripción anunciada en la página. Por el contrario, una de las razones por las que las cadenas hoteleras han crecido de manera tan fuerte en los últimos años es la confianza que han generado entre los consumidores, precisamente porque están muy reguladas en estos aspectos.

La regulación funcionará

De hecho es la regulación la que en última instancia puede provocar la caída de Airbnb. La ética de los propietarios ya ha sido cuestionada desde que algunos, o quizá muchos, no declaran los ingresos que obtienen con sus alquileres. Y cuando las cosas van mal, surgen más dudas, por ejemplo en cuanto a los seguros, tanto para los dueños cuyas casas han sido destrozadas, como de clientes estafados o robados por anfitriones sin escrúpulos. Aunque afortunadamente este tipo de incidentes siguen siendo poco frecuentes, el creciente uso del servicio está empujando a las autoridades locales a actuar, introduciendo requisitos que complican el modelo fluido P2P de Airbnb.

En cualquier caso Airbnb representa un concepto muy interesante, pero aún está por ver si el mercado es lo suficientemente grande como para justificar el precio de 10.000 millones de dólares.

La información de referencia se encuentra disponible en la web de ESSEC Business School

Fuente: HOSTELTUR

http://www.hosteltur.com/146010_cadenas-hoteleras-no-temen-airbnb.html

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