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La actividad legislativa europea se está viendo afectada por el tsunami político financiero ocasionado por la chapuza de cómo se ha gestado el rescate de Chipre. Un error sin precedentes que ha abierto una gran herida en la Unión Europea. Se ha vuelto a demostrar que la institución que realmente toma las decisiones en Bruselas es el Consejo de la Unión Europea y este organismo no se caracteriza precisamente por defender los intereses generales de la Unión sino que cada país se dedica a defender sus propios intereses nacionales aliándose con aquellos países que defienden intereses afines, aunque con ello se ocasione un serio perjuicio al conjunto de la Unión Europea. La hotelería europea y las leyes que nos afectan, o mejor dicho, afectarán en un futuro, no son ajenas a esta tendencia de la burocracia europea que cada día está más lejos de su espíritu fundacional. 
 
En la actualidad, el interés de la hostelería se focaliza en dos piezas legislativas encalladas en distintos estadios legislativos, la esperada Directiva europea relativa a la gestión colectiva de los derechos de autor y derecho afines y a la concesión de licencias multiterritoriales de derechos sobre obras musicales para su utilización en línea en el mercado interior, y la esperada revisión de la Directiva europea de viajes combinados. El motivo del retraso en la tramitación no es otro que la falta de voluntad política del Consejo que permita sacar adelante las leyes europeas tal y como las ha propuesto la Comisión y/o está enmendando el Parlamento Europeo. El resultado es un inmovilismo legislativo que no permite dar respuestas a las necesidades de los ciudadanos de la Unión. Una revisión de las instituciones comunitarias y su funcionamiento se hace más necesaria que nunca. 
 
En relación a la crisis ocasionada por el rescate a Chipre, ya no se trata de comprobar una vez más las deficiencias en competencias de la Unión Europea que le hubiesen permitido abordar a tiempo el desfase de la banca chipriota antes de que llegase incluso a ser un problema como, por ejemplo, la ausencia de una unión bancaria que hubiese conllevado una supervisión financiera a nivel europeo y a disponer de un fondo europeo de garantía de depósitos, o la misma ausencia de una unión fiscal con un Tesoro europeo que recaudase los impuestos necesarios para financiar la Unión Europea. Se trata de algo mucho más grave y de difícil arreglo, la falta de confianza y seguridad jurídica.  La forma en que la Unión Europea ha abordado la crisis bancaria chipriota difícilmente se entenderá por la comunidad financiera internacional como un caso excepcional y aislado sin consecuencias para la economía europea.
El egoísmo y la falta de proyecto europeo del eje formado por Alemania, Austria, Países Bajos y Finlandia, identifiquemos de una vez por todas a quienes dirigen al fracaso el proyecto de construcción europea, para ayudar a un país que apenas significa el 0,2% del producto interior bruto europeo nos va a salir muy caro a todos.
 
En las múltiples crisis bancarias que ha sufrido la Unión Europea desde la caída del banco de negocios Lehman Brothers en septiembre del 2008, se han salvado siempre la totalidad de los depósitos de ahorro que los clientes tenían en los bancos. Esta ha sido una regla de oro que se ha aplicado siempre para evitar las consecuencias nefastas que origina un clima de desconfianza generalizada en el sistema bancario. En la solución y gestión de la crisis chipriota se ha vulnerado este pacto tácito y el riesgo a que la desconfianza se expanda por toda Europa es muy real.
 
Todo se ha hecho mal. La primera propuesta de rescate constituyó un grave error político del Eurogrupo porque introducía una tasa a los clientes con los depósitos bancarios garantizados hasta 100.00 euros. De entrada decir que es lo mismo que cambiar las reglas del juego a mitad de la partida, lo que genera inseguridad jurídica. Por mucho que se vistiese de tasa, se trataba de una quita a los depósitos en toda regla. Los sistemas legales de los países miembros de la Unión Europea establecen que cuando un banco quiebra, primero, los accionistas y bonistas pierden todo. Por último pierden los depositantes pero siempre con un seguro de 100.000 euros por cliente. La propia Unión Europea se saltaba sus propias reglas en la primera propuesta de rescate. Finalmente se ha optado para garantizar en Chipre la totalidad del dinero para los depósitos inferiores a 100.000 euros, pero los superiores a esta cantidad podrían perder entre el 30 y el 50%. Y da igual que estos depósitos correspondan en gran medida a evasores fiscales rusos. El sistema financiero internacional sólo entiende de confianza y seguridad, ahora rotas.
 
Por si no quedaba clara la poca clarividencia de los dirigentes europeos en la gestión y solución de la crisis chipriota, el presidente del Eurogrupo, el ministro de Finanzas holandés, Jeroen Dijsselbloem, ha sembrado el pánico en los mercados financieros apuntando que el modelo utilizado para resolver la crisis de Chipre debe servir de modelo en un futuro a países con problemas. La falta de liquidez de los bancos no deberá sufragarse con dinero público sino con el dinero de los ahorradores, el de los depósitos bancarios. Una invitación en toda regla a los ciudadanos europeos, especialmente de aquellos países con problemas económicos a que saquen su dinero de los bancos. Y el aviso para navegantes es con indiferencia a que sus ahorros rebasen o no el límite de los 100000 euros. Por su torpeza los dirigentes europeos ya han dejado entrever que si hace falta meterle mano a los depósitos inferiores a 100000 euros también lo harán.  
 
En España, en menos de dos años, ya se han “fugado” 288.000 millones de euros de los depósitos bancarios. Los ahorradores extranjeros han sido los más recelosos y han retirado una cifra cuatro veces superior a la cantidad que recibió España para rescatar a las entidades nacionalizadas. Por ese motivo, mi pregunta para el señor Dijsselbloem es ¿se puede ser más tonto? Si lo que les preocupa son las elecciones alemanas de esta primavera y no quieren que el electorado les castigue por hacer sacrificios o recortes en sus países en aras de una Unión Europea que se percibe como una sangría para las arcas de sus estados por la mala gestión y despilfarros de los países del Sur, apuesten decididamente por la Unión Europea dotándola de los mecanismos de control y solidaridad que adolece, y no por su desintegración castigando los sistemas financieros de los países periféricos.
 
Pueden imaginar la tristeza que me provoca ver como los dirigentes europeos actuales por su falta de miras se están cargando el proyecto de Unión Europea de líderes europeístas carismáticos como Jaques Delors o Helmut Kohl… Para acabar déjenme que recoja la pancarta que llevaba una mujer chipriota que rezaba en castellano: ¿Por qué? Y le añada, ¿dónde está la solidaridad europea pilar fundamental de la Unión? ¿Se creen los alemanes, los austriacos, los holandeses y los finlandeses que sus economías y sus ciudadanos no van a verse afectados cuando la Unión Europea deje de ser un espacio geopolítico pacífico? ¿No se acuerda Alemania que en la Conferencia de Londres de 1952 se le concedió una quita al 50% de su deuda exterior al final de la Segunda Guerra Mundial? El “milagro alemán” vino de la mano de la condonación de gran parte de su deuda. Incluso Grecia le condonó el 50% de su deuda… Cuando se quiera reaccionar, quizás ya no estemos a tiempo y la desafección al proyecto y socios europeos, o peor, a los partidos e instituciones democráticas calen en una población civil que se siente traicionada por sus dirigentes y entonces serán los niños alemanes, austriacos, holandeses y finlandeses que pregunten a sus padres ¿por qué?

Por Didac García Carreté, Director de CEHAT de Asuntos Europeos
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