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El próximo 22 de Abril está programada una reunión con representantes de las tres instituciones europeas, Consejo, Parlamento y Comisión Europea que será clave para el futuro de la revisión de la Directiva de viajes combinados, pieza legislativa de vital importancia para la hostelería española. En el supuesto que llegasen a un acuerdo, la Directiva sería una realidad en breve. En caso contrario, el documento volvería al Parlamento Europeo para una segunda lectura, donde sus señorías podrían volver a enmendar el texto que les llegaría corregido del Consejo. No voy a marearles con cuestiones técnicas del proceso legislativo europeo pero sí es importante que sepan que la tramitación de la revisión de la Directiva de viajes combinados ha sido un despropósito desde el principio. ¿Qué prisa o motivos tenía el antiguo Parlamento Europeo en aprobar en primera lectura una pieza tan importante para el turismo europeo un mes antes del fin de su legislatura cuando era público y notorio que la totalidad de los sectores afectados por la directiva denunciábamos importantes lagunas e indefiniciones? El sentido común dictaba que hubiese sido el nuevo Parlamento Europeo, a la postre el encargado de negociar con el Consejo y la Comisión el texto final, el que hubiese aprobado el texto en primera lectura. Pero si mal salió del Parlamento no mucho mejor le ha ido a la desventurada propuesta legislativa con su paso por el Consejo. La presidencia italiana, por la importancia que el turismo representa para el país alpino, se obsesionó con conseguir un acuerdo durante su mandato. Cuando se dieron cuenta que la posición común no era posible, el pasado mes de Diciembre, se aprobó tarde y mal un “enfoque general” con la oposición de 9 países europeos y las serias reservas de otros 3 países. La Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), ha hecho llegar a las autoridades europeas y nacionales su firme oposición a las disposiciones del citado enfoque general del Consejo que no tiene en cuenta las especificidades de la hostelería y que, de ser aprobado como tal, dañaría seriamente nuestro sector, especialmente a las pequeñas y medianas empresas.  

Son varios los aspectos del “enfoque general” que deben ser analizados. En primer lugar, se mantiene el porcentaje del 20% para determinar si los “otros servicios turísticos” son lo suficientemente significativos como para constituir un paquete cuando éstos se combinan con el servicio de alojamiento. Este porcentaje tan bajo convertirá en paquetes múltiples servicios complementarios proporcionados habitualmente por los hoteles que en la actualidad están sujetos a la Directiva sobre los derechos del consumidor. Por ejemplo, dos personas se alojan en un hotel por dos noches con un coste total de 200€. Durante su estancia allí, compran, a través del hotel, entradas para un museo (30€ = 15€ cada una) y alquilan bicicletas también para los dos días (50€ = 12.5€ persona/día). Este alquiler tendría la clasificación de “otros servicios turísticos”. El coste total sería de 280€. Al ser el coste de los “otros servicios turísticos” superior al 20% del alojamiento, estos clientes ya no estarían amparados por la Directiva de consumidores sino por la Directiva de viajes combinados. Además, de aplicarse finalmente el criterio del porcentaje del 20%, los hoteles más económicos que ofrecen este tipo de servcios complementarios llegarían más fácilmente a este porcentaje y en consecuencia tendrían una gran desventaja competitiva en comparación con los hoteles más caros. Finalmente, este porcentaje tan bajo significa que los mismos servicios en el mismo hotel se considerarían a veces como parte de un paquete y en otras ocasiones no, dependiendo de la variación del precio normal de la habitación del hotel. Para volverse locos.

El enfoque general del Consejo tampoco aporta muchas luces sobre qué debemos entender por los llamados acuerdos de asistencia en viaje (“assisted travel arrangements”). De hecho, la definición de los citados acuerdos propuesta en el enfoque general es incapaz de definir qué se entiende como tales "de una manera específica". El resultado es una definición imposible de aplicar que en la práctica conllevará la desinformación permanente del consumidor.

Por si no tuvieramos poca confusion, el último párrafo del artículo 3-2 del enfoque general del Consejo afirma que "combinaciones donde no más de un servicio de viaje de los contemplados en los puntos (a), (b), o (c) se combina con un servicio de viaje contemplado en la letra (d) del apartado 1, si este último servicio (...) se agrega sólamente después que la prestación del servicio de viaje contemplado en los puntos (a), (b), o (c) ha comenzado"

La parte de la frase subrayada parece contradecir la definición de paquete prevista en la propuesta de Directiva que establece que si un consumidor reserva una habitación de hotel y decide llamar al hotel varios días o semanas más tarde (pero antes del comienzo del contrato hotel) para reservar un servicio extra, esto no constituye un paquete. CEHAT ha solicitado que se enmiende el párrafo subrayado para que quede claro que los servicios añadidos después de la conclusión del contrato principal no deben ser considerados como paquetes.

Y tanto ruido ¿para qué? ¿en qué se verían perjudicados los hoteles en el caso de que sus servicios pasaran a estar regulados por la futura Directiva de viajes combinados?

En primer lugar, pasarían a ser directamente responsables por cualquier problema o incidencia que ocurriese en/durante los otros servicios turísticos. Por ejemplo si un cliente se resbalase en el suelo mojado de la opera y se rompiera una pierna, el cliente podría denunciar al hotel que le ha vendido las entradas al ser parte de un paquete, en lugar de denunciar a la opera. Asimismo, los hoteles tendrían la obligación de disponer de un fondo de garantía/seguro para proteger a los consumidores ante una eventual insolvencia del hotel (al ser considerado el organizador del paquete). Esta garantía debería asegurar poder devolver al cliente cualquier pre-pago realizado así como la repatriación de las personas a su país si existiera servicio de transporte ofrecido por el hotel en el paquete.

Al estar regulados por la Directiva de viajes combinados, los hoteles también tendrían la obligación de ofrecer una información específica al consumidor de todas y cada una de las actividades que se ofrecen en sus paquetes, que difiere de la información facilitada por el hotel sobre sus servicios propiamente dichos. Ello conllevaría modificar, por ejemplo, todas las webs de los hoteles. Otro aspecto en el que la hotelería saldría muy perjudicada al estar regulada por la Directiva de viajes combinados, sería que la citada Directiva puede acabar prohibiendo las ofertas/promociones “no reembolsables”, con lo que los hoteles verían limitada su capacidad de realizar ofertas/promociones especiales y no reembolsables para reservas con mucha antelación o de ultima hora.

Por Didac García Carreté, Director de CEHAT de Asuntos Europeos

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